Cierro la canilla, busco un símbolo de paz

Una noche que me encontraba lavando los platos en casa, después de la cena y de que mi hijo ya estuviera durmiendo pacíficamente, dejé abierta la canilla mientras me dedicaba a lavar en profundidad un tachito de plástico de dulce de leche, ya que necesitaba enviarlo limpio y seco al cesto para luego reciclarlo. 

En ese instante en el que detecté que la canilla seguía abierta incansablemente, la cerré con rapidez para evitar la pérdida de agua. Y me invadió un momento de paz que vino acompañado de una reflexión que les quiero compartir. Me pregunté: ¿por qué cerré la canilla? ¿quién instaló este chip en mi cerebro para que haga algo que, a simple vista, no tiene ningún efecto directo sobre el ambiente o sobre nadie más a mi alrededor?

A simple vista podría pensar: tengo muchísima agua, sale fácil, no es tan cara en Argentina, no hay problema de que corra un poco y se desperdicie. ¿No? Pero cuando entendés que el agua a nivel mundial es escasa… que el agua dulce, potable y de fácil acceso es realmente poca. Muy poca. Y que además es una necesidad vital, la situación cambia. En ese momento entendí que existe una injusticia a nivel humano, frente la existencia de un tema tan grave como la escasez de agua en algunos lugares como en el norte argentino por ejemplo. Y que eso, repercute directamente de una manera estructural en la calidad de vida de las personas que están viviendo ahí. Personas que simplemente nacieron en esa zona geográfica del planeta a principios del siglo XXI.

A veces pienso, ¿cómo es que no hacemos todo lo posible para que esas personas tengan agua? ¿Cómo es que el Estado no responde a esta prioridad N° 1, para que esas personas tengan una calidad de vida digna, justa, saludable?

Y finalmente descubrí que por ahí viene la mano. Pienso. Es injusto que yo tenga algo de más que a otro le está haciendo falta para vivir bien. En Latinoamérica 65 millones de personas no cuentan con acceso al agua potable. Entonces inevitablemente, en mi acto (o en el tuyo) de cerrar la canilla, tengo en mis manos la posibilidad de hacer un acto de justicia. Con una pequeña acción estoy haciendo un voto de intención al cuidar el agua, para ayudar a la otra persona que no la tiene. Una persona que no conozco y que tal vez está del otro lado del mundo. O no. Tal vez esté más cerca de lo que creo. Y que además, instantáneamente, no va a tener agua en su hogar porque yo cierre mi desconsiderada canilla. Pero, sin embargo (basándonos en un concepto de equilibrio natural universal) estoy haciendo mi parte (sin que nadie me obligue) para que ese equilibrio suceda. Para que esa injusticia planetaria se minimice. Para que ese desequilibrio pase a ser algo más leve para aquella persona desconocida. 

Si continuamos potenciando la Educación Ambiental, de manera integral e intersectorial, buscaremos que todas las personas de nuestra sociedad se involucren en el conocimiento y en la solución de estos “problemas planetarios”. Debemos llegar a la mayor cantidad de personas con un mensaje claro y alentador, para que ellos/as puedan tomar conciencia de la importancia de sus actos individuales y de cómo todo eso repercute a nivel planetario. 

Y si a ellos les toca tener de más y pueden cerrar sus canillas, apagar sus luces, separar sus residuos, van a posibilitar que ese equilibrio finalmente suceda.

Debemos enfrentar y solucionar los desafíos presentes en el espectro hídrico para hacer realidad la igualdad en el acceso al agua en este momento tan difícil a nivel planetario. Mientras tanto te invito a que te valores. A que valores tus actos porque, cuando cerrás tu canilla estás cambiando el mundo. 

Fuente:  https://es.unesco.org/news/aguas-latinoamerica-y-caribe-contribuciones-tiempos-covid-19

Foto: Peter Herrmann – @tiefstapler66