Brazadas que unen

Revista Ecomanía #22 – Innovación, la nueva revolución social

El deporte como estilo de vida funciona como puente para relacionarnos con otras personas, mejora no sólo nuestro estado físico sino también anímico, nos conecta con la naturaleza, es un vehículo de integración y, por si fuera poco, puede servir de refugio a un gran número de personas en riesgo de exclusión social. En nuestro país, el proyecto Unir el Mundo, reúne objetivos deportivos, solidarios y científicos en la búsqueda de fomentar el deporte igualitario y accesible para todos.

En Latinoamérica, la especialidad de natación de aguas abiertas y frías casi no existe, pero sí en países como Rusia, Finlandia, Estonia y Latvia donde suelen competir  cerca de 2000 deportistas de todo el mundo. Sin embargo, Matías Ola ya no quería dar uso de su talento y habilidad para sólo obtener una medalla, sino que aspiró a mostrar otra cara de la natación para devolver un proyecto solidario a su ciudad natal. “El proyecto Unir el Mundo nació tras mi decisión de dejar los torneos. Ya no quería verme como un competidor sino darle otro valor a este deporte. Fue en ese momento cuando comencé a investigar y descubrí la natación en aguas abiertas con fines solidarios y objetivos netamente sociales”, comentó Ola, quien decide abrazar el deporte a través de los valores de la disciplina, el cuidado del cuerpo, y el trabajo en equipo. 

Desde sus inicios, Unir el Mundo busca recaudar fondos  y colaborar en la construcción de un centro de Alto Rendimiento deportivo en la provincia de Tucumán para que tanto niños y jóvenes tengan la posibilidad de acercarse al deporte. Con él también se intenta masificar el nado extremo en beneficio de todos aquellos que deseen conocer y apreciar el vínculo de unión entre: naturaleza, hombre y deporte.  

Viajar sólo a brazadas y sin traje de neopreno por lugares como, el Mediterráneo, el Mar Rojo o en aguas antárticas es su propuesta e invita a aquellos que se quieran sumar a romper las barreras creadas por la naturaleza y fisiológicas que responden al cuerpo humano. “La primera travesía fue en Agosto de 2013, cuando crucé el Estrecho de Bering para unir Eurasia con América. Fue una experiencia muy emocionante ya que, en ese momento, este ambicioso proyecto pasó a ser una realidad”, describió e indicó que esto lo motivó a continuar las travesías uniendo a nado desde Siberia a Alaska hasta Europa y África, Australia y Asia, y África y Asia.

En el marco del Festival Invernal de Natación 2014 que se realizó en nuestro país, Matías se zambulló en las aguas del Glaciar Perito Moreno que registraban una temperatura de 3,8 grados. A pesar de haber tocado de cerca paisajes increíbles, esta fue una de sus mayores experiencias: “Me sentía como si estuviera en otro mundo, fue asombroso. Aunque el agua esté muy fría, vos podés controlar tu mente, cambiar los pensamientos negativos por positivos y recordar la razón por la que estás ahí”, señaló en mención a su propósito.

A partir de su paso por ríos y mares, hoy nos invita a reflexionar a partir de su lección de vida. “Concretar un sueño no es cuestión de suerte, sino de disciplina y perseverancia. Se trata de un trabajo arduo con el cual hay que golpear muchas puertas, trabajar en equipo y comunicar con pasión lo que uno hace”.  Soñador y tenaz insiste que el poder de la unidad es la única manera de conseguir el éxito.

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