Green Drinks BA Noviembre: REGENERACIÓN DE ECOSISTEMAS

Mientras los científicos de todo el mundo desde hace varios años ya no saben de qué forma alertar a los seres humanos sobre el estado crítico e irreversible de la Tierra, y las potencias mundiales continúan su insensata y descabellada carrera de producción y consumo capitalista –que no hace más que adelantar el colapso planetario–; según un artículo firmado por 18 científicos en la revista Nature, en el año 2012, los impactos directos de la acción humana ya afectan casi al 50 por ciento del Planeta y superarán este porcentaje para el 2025. Los efectos que esto trae aparejado ya los estamos padeciendo: calentamiento global, epidemias, contaminación de ríos y mares, aumento acelerado de la polución atmosférica y la concentración de CO2, incremento de enfermedades de la piel y cancerígenas, grandes inundaciones y grandes sequías, colapso de los ecosistemas marinos, defaunación y extinción de especies, desertificación y envenenamiento de los suelos por la minería a cielo abierto, la deforestación indiscriminada, las malas prácticas ganaderas y agrícolas, como son el sobrepastoreo, el monocultivo y la utilización de semillas transgénicas, todo esto conlleva a una pérdida de la biodiversidad y los ecosistemas…

Y por casa, ¿cómo andamos? Bastante mal. En la Argentina, las acciones sistemáticas que se vienen realizando desde hace tiempo produjeron una importante degradación de nuestras selvas y bosques. En la actualidad ya perdimos alrededor del 70% de los bosques nativos originales. Sin embargo, como afirma el escritor argentino José Narosky, así como hay quien arroja un vidrio roto en la playa, hay otro que se agacha a recogerlo. Y, por suerte, en nuestro país hay varias organizaciones, fundaciones y grupos que están trabajando por un mundo mejor. Como es el caso de los tres oradores de Green Drinks de noviembre, que fueron invitados a hablar sobre “Regeneración de Ecosistemas”, y explicaron cómo cada uno lo aplica en sus respectivos emprendimientos.

El Productor orgánico, asociado al Grupo Pampa Orgánica e integrante del MAPO (Movimiento Orgánico para la Producción Orgánica), Enrico Cresta, fue quien abrió el debate. Con 400 hectáreas al sur de la provincia de Córdoba y una trayectoria de más de veinte años en la producción de cultivos orgánicos extensivos, entre los que se encuentran el maíz, el trigo, el girasol, la soja y cultivos forrajeros, base de la alimentación de la ganadería pastoril que ellos practican (y no en feedlots, donde crían y engordan a las vacas en un corral, sin que se puedan mover), Cresta tiene muchas historias, información y experiencia para transmitir.

“En primer lugar, para darles una definición simple de producción orgánica, les voy a decir que es aquella donde no se utilizan agroquímicos, herbicidas, fertilizantes  químicos, ni semillas transgénicas”, subrayó, y agregó: “Existe un protocolo de lo orgánico que nos permite estar enmarcados y poder exportar”. Además de explicar las consecuencias nefastas que acarrean a nuestra salud, a los suelos y a los ecosistemas en general la utilización de agroquímicos, herbicidas y semillas transgénicas, Cresta resaltó que las tierras son ecosistemas vivos y deben ser resguardados y cuidados. De ahí que él y todos los demás productores orgánicos programen la siembra utilizando un sistema mixto agrícola-ganadero, del INTA. Esto es, nada de monocultivo que arruina la tierra, alternancia en la siembra de las diferentes semillas, dejar descansar los suelos, rotación en el pastoreo, en definitiva: programar los cultivos para cuidar la tierra. “Nos interesa dejarles a las generaciones futuras suelos fértiles, cultivables. Así como también nos interesa garantizar la salud, tanto de la gente que trabaja en el campo, como de la que consume nuestros productos”, reflexiona.

El camino que Enrico y muchos otros eligieron no es el más sencillo. Eso está claro. (De ahí que Emiliano Ezcurra lo defina como un “prócer”, un integrante de “La Résistance” y “a quien hay que apoyarlo muchísimo”). Ellos no se guían por las leyes del mercado, que privilegia solo la rentabilidad económica a cualquier costo. “Todos los agroquímicos que se usan en el mundo agropecuario son tóxicos, y en la Argentina se utilizan 300 millones de litros por año. Para nosotros es muy importante poder compatibilizar la rentabilidad, con lo social y el cuidado del medioambiente. El mercado elige el sistema que más le conviene en términos de rentabilidad, pero nosotros tenemos que saber que es este otro sistema el que nos conviene a nosotros y a nuestras generaciones futuras”, concluyó Cresta.

La segunda en tomar la palabra fue Rocío Bermúdez Pose, Asistente en Certificaciones en Guayaki Latin America, un emprendimiento que comenzó como un proyecto universitario en la Universidad de Cal Poly, California, en 1996. Alex Pryor, de Argentina, y David Karr, de California, se hicieron amigos tomando mate en los pasillos del establecimiento. Pronto comprendieron que además del gusto por la infusión verde, compartían filosofías de vida e ideales. Así fue como juntos crearon un modelo de negocios que, mediante la venta de yerba mate en los Estados Unidos, contribuirían con la restauración de la Mata Atlántica, región que abarca tres países: Argentina, Brasil y Paraguay, y es la más amenazada de la Tierra, del área original solo queda el 7%. Guayaki es una empresa que trabaja con pequeños productores y comunidades indígenas autóctonas, y se rige por las reglas de comercio justo, donde se tienen en cuenta tanto a productores como a consumidores, se brindan condiciones laborales dignas, y se respeta y se contribuye con la regeneración de los ecosistemas nativos”, comenta Pose.

La Asistente en Certificaciones explica que las principales causas de deforestación y modificación de los ecosistemas en la zona donde se produce esta yerba mate orgánica son: la demanda y tala de especies nativas, la extracción de productos no maderables, la quema de zonas para la agricultura, las plantaciones forestales comerciales y la introducción de especies exóticas. Las consecuencias de este accionar humano generan erosión y envenenamiento de los suelos, contaminación de las aguas, pérdida de la biodiversidad genética, de especies medicinales y alimenticias, inundaciones, entre otras cosas. El 25% de los gases de invernadero se originan por deforestación y malos usos de la tierra. Guayaki surge como alternativa a todo este modelo de deforestación, ya que el método de cultivo “bajo sombra” que utiliza permite preservar la biodiversidad. ¿Cómo es esto? Respetando los ecosistemas naturales y realizando reforestaciones de especies nativas, en donde los yerbales conviven y se desarrollan entre medio de 500 árboles de 40 a 50 especies nativas que brindan, además, refugio y alimento para las aves y demás animales.

“Nuestros objetivos y metas son sociales y ambientales, y esto lo vehiculizamos a través de lo económico. La misión de Guayaki para el 2020 es participar de la reforestación de 60 mil hectáreas de la Mata Atlántica”, sostiene Pose. Además de trabajar junto a pequeños productores y comunidades indígenas autóctonas, la empresa les brinda asistencia técnica y financiera y los capacita para que estén informados sobre sus derechos. Además, tienen un vivero que funciona como semillero para la siembra de unas treinta especies de árboles autóctonos.

Alex Pryor, uno de sus fundadores, es Ingeniero en Alimentos, y actualmente vive en la Argentina. Practica yoga desde hace más de diez años y uno de sus momentos predilectos es caminar por dentro de la Mata Atlántica y sentir la fuerte energía de la selva. En la página de Guayaki afirma: “No pierdo la esperanza, porque creo que existen alternativas y buena gente que trabaja para no destruir los recursos ambientales de la Mata Atlántica. Tenemos una deuda pendiente con la naturaleza y es hora de pagarla”. Es por eso que la empresa apela a la clase de consumidor consciente, que se ocupa de chequear la procedencia de los productos que compra. “Los consumidores son la fuerza que mueve el mercado. Cuando  una persona compra la yerba mate orgánica Guayaki, también está aportando su granito, compartiendo nuestra visión y nuestros ideales”, concluyó Rocío.

Finalmente, le tocó el turno a  Emiliano Ezcurra, ex Greenpeace y Director de la ONG Banco de Bosques, una fundación cuyo objetivo es salvar bosques nativos en riesgo a través del aporte de pequeños, medianos y grandes donantes. Para ello, utilizan un sistema de imágenes satelitales en donde el donante puede escoger y ver la porción específica de floresta que quiere proteger, generándose así un vínculo directo. De hecho, fue su fundación la que encabezó el anhelado proyecto que en octubre pasado se hizo realidad, y hoy podemos decir que la Argentina cuenta con un nuevo Parque Nacional: El Impenetrable, en Chaco.

Desde hace un tiempo, Banco de Bosques amplió sus metas y está intentando reintroducir especies animales que se encuentran en peligro de extinción en nuestro país. “Nosotros teníamos elefantes, leones… El humano que llegó a América los extinguió. Pasó el tiempo y vinieron otro tipo de humanos que trajeron especies exóticas, y fue otro problema”, comenta Ezcurra. La introducción aleatoria e improvisada de especies no nativas conlleva problemas muy serios, porque modifica el ecosistema donde son insertadas, generando, incluso, la desaparición de otras especies.

El castor, introducido en Tierra del Fuego en 1946 por algún “visionario” –apelando a la sutil ironía–, que trajo 50 ejemplares  para dotar a la isla de una fuente de peletería, se ha convertido en una raza invasora que superó los 70.000 ejemplares, aproximadamente.  El problema con el castor es que por sus hábitos es un importante modificador del ambiente y genera grandes disturbios, ya que se alimenta de la corteza y las hojas de los árboles, que talan con sus poderosos incisivos, para después construir sus famosos diques. En su hábitat original, ayuda al equilibrio natural, pero como especie exótica hace desastres. Y además, como los que lo trajeron tampoco calcularon que en la Patagonia no había osos, lobos ni linces que se los comieran, su número no para de crecer. “Pobre castor, él no tiene la culpa, la culpa la tenemos los humanos. Recemos para que el castor no entre al continente, porque en ese caso tendríamos un ‘ébola’ de los bosques patagónicos”, resume Ezcurra, quien además del castor, sumó a la lista de animales invasores al jabalí y al ciervo axis; y ubicó al yaguareté, al venado de las pampas, al guazuncho, al ciervo de los pantanos y al aguará guazú en otra lista, de color rojo, ya que son las especies que corren peligro de extinción.

“La reintroducción de fauna es difícil, pero el Estado tiene que colaborar. Como ocurrió en la India con el tigre de bengala, donde el Estado logró revertir la desaparición y hoy existen ya 1500 ejemplares. Por eso, nosotros con Banco de Bosques, en Gualeguaychú, vamos a reintroducir especies. Tenemos que ser testigos de Jehová de la regeneración”, enfatiza Emiliano, y agrega: “Lo de la regeneración es un desafío tranqueras adentro y afuera de un parque nacional. Es la única opción, si no queremos seguir perdiendo especies”, concluyó.

Mirá las fotos del encuentro aquí